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Déjame

                    
Déjame aliviar tu angustia, tu vacío, tus lágrimas, déjame precipitar al olvido tus dolencias y que la luz te vista como antes, en el principio de la vida. Déjame apagar el frío que cada invierno vives en las esquinas, el eterno tormento de hambre que padeces día a día. Déjame arrastrar hacia el mar tus penas y que transmuten en suaves velos de cristal. Déjame ahuyentar tus temores en cada agitado momento que te tortura.  Le negarías a un hijo la paz o a un hermano su felicidad si te la pidieran ? Si vieras a tu hijo aquejumbrado no intentarías aliviarlo si te lo pidiera ? Pídeme que ahuyente tus espinas y lo haré con amor. Mira dentro de ti, búscame en el centro de tu cuerpo, allí estoy como el eje de un círculo, en el centro de tu corazón, palpitando la vida, como un eterno principio que insiste en ayudarte, como una luz que no se resigna a apagarse sin producir un efecto,  a pesar de tus actos, como un sol que te da calor y vida, tu más noble núcleo que busca expandirse en todos los sentidos. Por qué niegas mi presencia, por qué evades tu naturaleza, no eres una roca, no eres un trozo de barro. Deja de buscarme en las páginas de la biblia, deja de creer que estoy en un trozo de yeso pintado, deja de seguir ciegamente a los otros porque aparentan santidad, siendo que en su corazón tienes más carencia que el tuyo. Tú eres una llama porque estoy en ti, ambos nos necesitamos, elevo tu condición y tú me das conocimiento del mundo material. Soy yo ahora quien te pide, no me niegues, no  me olvides, pídeme que calme tus tormentos, tu falta de dicha, jamás te negaría un abrazo, o el amparo que tanto requieres en tus tristezas. Abre tu camino hacia mi, te espero cada segundo de tu existencia.


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