Nos incentiva el medio a tener cuenta
corriente, tarjetas y lujos innecesarios y cuando nos vemos envueltos en
deudas, préstamos y sin dinero suficiente cuestionamos recién allí nuestra
conducta, antes de eso el hipnotismo nos hace comprar y sobre endeudarnos hasta
más no poder. El agobio que viene después, el cansancio mental, la
preocupación, nos distrae del ser, de hacernos preguntas, de meditar.
Cómo entonces no pensar que este incentivo a
consumir, que esta sed de tener bienes,
vestir bien, o simplemente quitarse un decaído estado de ánimo comprándose
algo, no es un comportamiento para distraernos, para mantener la mente ocupada
en frivolidades. Cómo no pensar que luego envueltos en deudas también nos
desconectamos de nosotros porque sólo pensamos en pagar, qué fue lo que
adquirimos para tener tantas deudas, qué otros ingresos podríamos obtener, qué
trabajo extra. El trabajo es un preciado bien para sobrevivir pero el verdadero
eje de la vida descansa tapizado de falsas expectativas.
Vivimos en constantes
hipnotismos que enfrascan las potenciales virtudes haciéndonos funcionar como
robots. La vida no es tener para tener más, es vivir para vivir mejor consigo
mismo y con los que nos rodean.
El dinero, las joyas,
el nuevo auto, la casa más grande, el trabajo donde se gane más, el televisor
más grande, el préstamo para ir de vacaciones, la moto, el negocio que nos hará
millonarios, ¿ en cuál de estos escenarios nos encontramos realmente ? Acaso el
bienestar que logramos estando en armonía vale más que cualquiera de esos factores
que nos perturban. A mayores bienes, mayores distracciones.
Finalmente estamos rodeados de elementos distractores que nos hacer perder la esencia de vivir, nos enfrascan los medios de comunicación y nos programan la mente para que no pensemos en nada relacionado al ser, ni cuestionemos nuestro rol en el universo. Agentes distractores hay en los planes educativos, en el ámbito laboral, familiar, de amistades, televisión, prensa, etc.

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