El alma está supeditada a una energia omnipresente de origen supremo, al desenvolverse en este plano de las formas queda condicionada a las percepciones subliminales que deforman el verdadero camino y objetivo de los seres humanos.
El mayor obstáculo consiste en vencer esas percepciones para dar con lo esencial que radica en el interior de nosotros, más allá del tiempo.
El camino está lleno de distractores impuestos por la mente que a su vez está manipulada por el ego. Los reinos de este mundo están justamente fundamentados en desviar al ser humano de su real misión.
Vivimos en un estado de hipnotismo perpetuo que nos mantiene sonámbulos y con un desinterés impresionante por los temas espirituales.
La mente es condicionada por los imperios invisibles de este plano con programas que nos imponen como fumar, beber, consumir, fanatizarnos, acumular bienes.
El alma intenta a veces dar luces de su existencia en nuestra mente, pero se ahoga en un mar de 60.000 pensamientos diarios que desplazan y anulan su relevancia.
El ser humano confunde todo este plano y cae en la completa indiferencia como forma de vivir para así no cuestionar su propia conducta, la que está alejada de la voluntad de la creación.

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