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Sombra

Las sombras existen porque la luz lo permite,
en el equilibrio eterno de los opuestos,
en el exámen constante del alma humana.
Las sombras son una proyección transitoria de la falta de comprensión,
de la inconsciencia que cautiva los sentidos,
un sutil y perseverante intento
de los impulsos bàsicos para no delimitar sus planes.
La sombra distorsiona nuestra energía suprema,
la encapsula y la sepulta durante todo nuestro magno ciclo.
Nos persigue al lado opuesto de la luz,
nos habla al oido para sucumbir,
nos calibra la percepción a sus objetivos,
se confabula con otras sombras
para adquirir más protagonismo y poder.
La sombra se nutre con nuestras conductas incongruentes,
con la adversidad y enemistad.
La sombra idea sus propios planes de vida
y los publica a sus adeptos,
distorsiona lo sacro y lo convierte en profano,
disfraza lo maléfico de sotanas y catedrales.
La sombra se encarga de llevarnos
de la mano en los momentos de ira y pérdida de cordura,
en la incertidumbre y miedo,
en la soledad y desesperación humana.
La sombra nos alienta
al diálogo soluble,
a las razones materialistas,
a los dogmas insensatos
que con crudeza definen la creación.
Hace de los templos verdaderos antros
de inconsistencia e insignificancia.
A pesar de todo
la sombra nos quiere llevar a su propia redención,
con sus propias leyes,
en su propio espacio,
gobernado por siglos
por los adeptos de su obra.

(L.Zanni)

 

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