Desconfiamos de nuestra propia inteligencia y sabiduría no solo
interna sino orgánica, desconfiamos de la energía suprema que nos
sustenta, la misma que nos da el impulso de vida segundo a segundo. Nos
hemos convertido en seres sin fe que deambulan creyendo todo lo que ven y
escuchan, aceptando dogmas y adoptando costumbres que van en contra de
nuestra propia integridad. Al permacenecer y vivir desconectados de
nuestra sabiduría suprema deambulamos
Desconocemos que por dentro llevamos un baúl lleno de oro, pero el timón del barco navega a la deriva sujeto a los vaivenes del tiempo. No logramos emprender el rumbo de vuelta hacia la conexión maravillosa que nos da el sentido de existencia, porque creemos en todas las mentiras que nos han invadido desde la mente al corazón. Al desconfiar en la energía suprema comenzamos a creer en todo aquello inapropiado para el cuerpo y para el alma. Como seguimos deambulando jamás nos cuestionamos qué realmente es bueno y qué malo.
Cremos en los santos solo porque usan sotanas, creemos en las farmacéuticas,clínicas, gobiernos y sistemas educacionales porque crecimos rodeados de ellos, pero no cuestionamos si realmente nos han hecho ser mejores personas, mejores seres, o solo nos han instruido para cumplir sus propios propósitos, los cuales no implican evolución sino usufructo de nuestras debilidades.
Debemos volver al edén, que esá dentro, al paraíso de la felicidad estableciendo la conexión que nos quitaron, escuchando la voz de la intuición que finalmente es la única que nos dice qué es correcto y qué es mentira, la voz de nuestro real espíritu que contiene la misma sabiduría que el cuerpo que ocupamos.
Desconocemos que por dentro llevamos un baúl lleno de oro, pero el timón del barco navega a la deriva sujeto a los vaivenes del tiempo. No logramos emprender el rumbo de vuelta hacia la conexión maravillosa que nos da el sentido de existencia, porque creemos en todas las mentiras que nos han invadido desde la mente al corazón. Al desconfiar en la energía suprema comenzamos a creer en todo aquello inapropiado para el cuerpo y para el alma. Como seguimos deambulando jamás nos cuestionamos qué realmente es bueno y qué malo.
Cremos en los santos solo porque usan sotanas, creemos en las farmacéuticas,clínicas, gobiernos y sistemas educacionales porque crecimos rodeados de ellos, pero no cuestionamos si realmente nos han hecho ser mejores personas, mejores seres, o solo nos han instruido para cumplir sus propios propósitos, los cuales no implican evolución sino usufructo de nuestras debilidades.
Debemos volver al edén, que esá dentro, al paraíso de la felicidad estableciendo la conexión que nos quitaron, escuchando la voz de la intuición que finalmente es la única que nos dice qué es correcto y qué es mentira, la voz de nuestro real espíritu que contiene la misma sabiduría que el cuerpo que ocupamos.

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