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El proceso



No aceleres lo que la vida hace fluir a su propia velocidad. No esperes que ciertas situaciones se den a un ritmo diferente al que tú pretendes. La primavera siempre espera el turno sin adelantar sus flores a la lluvia. Los árboles esperan el otoño para cambiar sus hojas. Las montañas cada invierno para lucir sus blancas mantas empinadas hacia el  cielo. Las aves esperan el fresco viento de las flores para lucir el vuelo hacia sus conquistas. Los pétalos se abren con el sol estival y la lluvia se lleva lo que el viento de otoño no robó en sus brisas.
Todo en la vida requiere su tiempo y espacio para desarrollarse, para existir. Todo cambio es paulatino y no tiene límites drásticos, como los límites entre un color y otro dentro del espectro de un arco iris, como el límite de la luz y sombra en un cuerpo, en su penumbra se confunden ambos aspectos. El desarrollo y plenitud de cualquier situación es un proceso no un evento.
La paciencia y dedicación constante sobre un objetivo nos da resultados gradualmente. No debemos desesperar ni sentirnos  fracasados si algo no sucede en el plazo que anhelamos. Siempre acaecen misteriosos eventos que la vida conduce para ajustar de mejor forma los resultados sin que a veces lo entendamos. Estamos sometidos a leyes que desconocemos, si algo se retarda o cambia su directriz no implica que no obtendremos un logro.

Esta postura no significa que no debamos ejercer acciones sobre una meta, significa que debemos tener la consideración de que existen  etapas, ciclos, niveles, escalas, que las corrientes de fuerza llevan de un lugar a otro.
 Podemos generar situaciones pero no acelerar un desenlace más allá de lo permisible.
Una manzana extraída prematuramente de su proceso de asimilación de nutrientes nos puede dar un fruto con menos vitaminas. No intervenimos directamente en el ciclo porque está sometido a una ley natural, pero sí en los factores que aceleran el fin. Debemos esperar que el fruto esté en óptimas condiciones para aprovechar sus propiedades.
La desesperación es un mal ingrediente en cualquier etapa y actividad. La constante perspectiva y atención en un horizonte nos da una tranquilidad distinta sobre el fin que pretendemos alcanzar.
Distingamos claramente en cualquier situación lo que es un evento de lo que es un proceso y analicemos los factores que dependen de nosotros para que el proceso se lleve a cabo eficientemente. Si en esas actividades está nuestro quehacer involucrado entonces examinemos qué depende de nosotros y qué del ciclo natural de desarrollo.

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