Todo en la vida está
estructurado para hacernos huir del ser. Se emplean múltiples mecanismos para
obligarnos a llevar la vida como el resto. Se utilizan muchas situaciones para
hacernos sucumbir igual que todos. Se indica que la familia es el núcleo
fundamental de la sociedad dejando al individuo desintegrado en ese concepto.
Se le induce a tener hijos, a ser papá o
mamá, a mantener un matrimonio aunque no sea feliz de lo contrario es
marginado. La familia es lo más importante, un hombre o una mujer sin familia
es un ser que no se desarrolló, un ser infértil, una persona extraña, por ende
todo gira en torno a la familia. Es maravilloso que exista la familia pero no
es correcto que cada individuo se desintegre en esa entidad. Cada ser es un
alma, lo principal de una persona y de una sociedad es eso, el alma de cada uno
y la plenitud que logre desarrollar en ese entorno.
Estamos aquí para
aprender, para que el alma busque fusionarse concientemente a su origen, a su
gestor, esa es la verdadera religión palabra que proviene de religare (volver a unir). Somos dioses
en miniatura que llegaron al estado de humanos para hacer que el alma en forma
consciente busque las puertas que lo conducen a su ser. Pero el mundo está
lleno de excusas, de desvíos y de caminos que llevan a la perdición del alma, a
seducirnos en forma sutil y escapar a una gran verdad: estamos todos aquí para
cumplir un fin distinto a los animales y las plantas, estamos aquí con mente,
intelecto y conciencia de nuestra propia condición para buscar algo diferente,
de lo contrario qué sentido tiene que nos diferenciemos del resto de las
especies.
Pero a muchos les
conviene que nadie descubra lo verdadero, aquello descifrado por un gran hombre
que murió en la cruz, esa verdad que no se dice, que está dentro no fuera, la
verdad de buscar nuestra fusión con el ser
que nos gestó. Esa es la auténtica felicidad, el real anhelo del alma,
de esa alma
que deambula existencia tras existencia aprendiendo con
dolor a ser
perfecta, lo divino asimilando lo humano, lo humano
encaminándose a lo divino.
El alma es la conexión
con otros mundos, con eso que llamamos cielo, con el universo, es el punto de
comunión de todo lo que existe. Pero perdemos esa conexión cuando sucumbimos
ante los vicios, ante la controversia de no saber quiénes somos. Con un granito
de conciencia, reflexionando verdaderamente de cuál es el fin de respirar,
estaríamos conscientes de que la vida no es sólo dormir, comer, tener hijos,
vivir con deudas y problemas emocionales. El alma sufre en todo ese festín de
sensaciones, en medio de los desvíos que nos circundan y de todo lo que
signifique cumplir tareas diarias. No podemos ser felices en este mundo porque
la felicidad no pertenece a este plano.
Este mundo no es una ilusión, es palpable y
está sometido a leyes físicas, el problema radica en que creemos que es todo lo
que existe y negamos otros planos. El segundo problema es que las estructuras
en las que confiamos están empecinadas en vendarnos los ojos desde niños para
no descubrir esa verdad que se disuelve en el ingrato tiempo que devora la
eternidad.
En cualquier momento
estamos a tiempo de buscar esa perla, no fuera sino dentro, en ese espacio
interior que se nos abre cuando estamos solos o reflexionamos.
El alma es la luz del
ser en cada uno, una luz que intenta hablarnos en la bonanza de un atardecer,
bajo un cielo que nos muestra el pasado en sus luces.
El alma es el núcleo
fundamental de los hombres, de la sociedad. Personas sin alma no forman un
núcleo de felicidad y respeto, sólo de vicios, odios y macabros senderos. El
alma es el elemento divino en cada persona intentando cumplir su función para
la que fue desdoblada desde su origen.
Los genocidios no son
lo peor al lado de aquellos que hunden a la humanidad en el completo
oscurantismo llevando a que el alma fracase y no conozca la verdad.
Te das cuenta tú mismo
que no existe ningún organismo ni tribunal, ni santo oficio que tenga por
objetivo hacer crecer tu alma, desarrollar tus facultades, ¿ por qué no ? Te
das cuenta de ello o necesitas más pruebas frente a lo que es obvio. Muy por el
contrario te ofrecen convertirte en seguidor de doctrinas para alcanzar un
supuesto cielo y si pecas te condenan con el infierno, y de qué si esa alma no
ha conocido la verdad para elegirla.
El alma está más allá
de todo lo que nos enfrasca moral, social o religiosamente.

Comentarios
Publicar un comentario