Mientras más aprendo más dimensiono mi ignorancia esa de ignorar lo que ignoramos, esa que arrastramos durante toda esta estadía con su densidad propia y específica. Mientras más me sostengo en la osadía de saber y comprender después del error, más persiste la humildad en decirme con sus labios invisibles, que estamos muy distanciados y que lamenta el tiempo que perdimos sin abrazarnos. Y es que ese orgullo profano que nos caracteriza como especie se hace igual de torpe que la ignorancia, igual de asturo para parasitar a su anfitrión sin que este lo note. El orgullo es el escudo protector de la ignorancia que se dispara de mano con la ira cuando quedamos desnudos ante la sabiduría. Qué manera de engordarlos como heliogábalos, qué manera de idolatrarlos y hacerlos parte del carácter que define nuestras debilidades. Para ascender en equilibrio por las trépidas pistas que la vida impone debemos deshacernos de lo denso que se adhiere y acompaña esta materia, lo denso que al se...
Blog de pensamientos y reflexiones del autor.